lunes, 14 de julio de 2014

La Final, la dama y el gato…

Prometí a los facebookeros que han estado pendientes del XX Mundial de Fútbol en Brasil, contarles el asunto de un gato.

Sabemos muy bien que en los momentos de tensión y máxima adrenalina, cualquier cosa negativa nos hace contraernos, apretar los puños, encogernos casi hasta desaparecer dentro de nosotros mismos; mejor dicho, arrugarnos, como se dice allá en ese “Sur, paredón y después” que describiera Homero Manzi y elogiara Borges en algún párrafo. Y sabemos también que, en los momentos alegres, exultantes, dichosos, abrimos los brazos, nos levantamos eufóricos, dejamos salir el aire y la risa, en fin, compartimos el placer incluso abrazando el vacío si estamos solos, o al más cercano si acompañados.

Ayer salió en facebook la foto de una hincha argentina, obviamente vestida de celeste y blanco, con un gracioso gatito en el regazo. El gatito lucía una primorosa cinta blanquiceleste, obvio de nuevo, en el cuello, y miraba algo sorprendido las manos de la dama que lo abrazaban tensas, los dedos crispados, la piel de gallina, el ademán brusco, nada que ver con las manos acariciadoras de otros días, amorosas y tiernas. En fin, el gato sólo estaba ahí, expectante. Y miraba esas manos quizás con gatuna preocupación… 

La dama y su gato veían la final del Mundial de fútbol, ayer domingo 13 de julio de 2014, para precisar. Cuatro y veinticinco, para ser más exactos. Faltaban 6 minutos para el final del partido. En los 114 minutos anteriores, el gato tuvo 3, repito en letras: tres, oportunidades de salvarse. En las tres, el Pipita Higuaín, Rodrigo Palacios y el Kun Agüero, pudieron hacer el gol que le daría a la Argentina el Campeonato Mundial de fútbol. En la primera de las tres oportunidades que se hubiese concretado en el fondo de la red alemana, la dama en cuestión hubiera abierto los brazos, y el gato habría saltado de su falda y corrido a su cajita de arena o al cojín de costumbre, y todo habría sido alegría y emoción y abrazos y risas. Pero no pasó así: Higuaín, Palacios y el Kun, desperdiciaron cada uno la oportunidad de ser campeones mundiales, no hicieron el gol que debieron hacer, y el gato no pudo saltar del regazo de la dama y poner pies en polvorosa. O sea, los tres delanteros argentinos, hasta aquí, son responsables, por omisión, de lo que ocurrió más adelante.

Al contrario, faltando 6 minutos para el pitazo final y una hasta entonces muy posible definición por penaltis, merecida por ambos en vista de lo hecho y no hecho en el partido normal y su alargue, y en la segunda oportunidad de gol que tuvieron los germanos –en la primera tapó Romero y el gato apenas sufrió un ligero apretón–, un alemán de extraño nombre corto (todos son larguísimos; como decía Twain, el alemán tiene demasiadas letras inútiles), recibió una pelota a espaldas del defensor argentino, la durmió en el pecho al mejor estilo James y soltó un zurdazo que se le escurrió por la zurda al buen arquero Romero. Gol alemán… Algarabía brasileroalemana en las tribunas, silencio en las gradas albicelestes… 

La Dama del Gato (a ver si Marcelo Aguirre o Charlie Monsalve la pintan) apretó los brazos, se encogió sobre sí misma acusando el golpe, gritó un putazo dolorido… y el gato exhaló de una vez el aliento de sus nueve vidas, estrangulado por la dama que no pudo soportar el hecho futbolístico real y doloroso de que quien no hace los goles que puede cuando puede, ve hacer los que no quiere cuando el rival pueda… Y colorín celeste y blanco…

Por cierto, el alemán culpable de la muerte del gato, el del nombre extrañamente corto, no merece condena: hizo lo que debía de hacer y lo hizo bien.


Y no se crean… a mí también me dolió ese gol. Pero sin gato…

domingo, 13 de julio de 2014

ENTRELÍNEAS: Agresión en Palestina…

ENTRELÍNEAS 
Agresión en Palestina

         Prevalido de un mito convertido en dogma, “Pueblo Elegido por Dios” (un Dios inventado por la mitología judía para presentar como indiscutible tal “Elección”), y llevado con oportunismo a la Política con la connivencia y complicidad de las potencias occidentales, el Estado sionista de Israel masacra sin piedad a los palestinos en la estrecha Franja de Gaza, único y reducido espacio que le va quedando a la nación palestina luego de que en 1948 la ONU creara en su territorio un Estado judío.

         La historia, que no es dable recapitular, nos dice que mil quinientos años antes de que Abraham llegara a Hebrón, en tierras que hoy son la Cisjordania Palestina, ya vivían ahí los cananeos y otros pueblos árabes. Ese es el origen del pueblo palestino, que no se puede negar con el argumento de Marcos Agüinis (La Nación, de Bs.As.) de que el nombre Palestina apareció apenas con el Imperio Romano y fue certificado por otro Imperio, el Inglés, a mediados del siglo pasado. Y que, por tal razón, no existen Palestina por ser nomenclatura casi moderna, ni existe el pueblo palestino.

Lo dicho por Agüinis y los políticos sionistas del Israel moderno, en lo que no coinciden otros pensadores, políticos a intelectuales judíos tanto o más respetables como Noam Chomsky, Amos Oz y algunos más, equivaldría a pensar que en América no existían los pueblos nativos: mayas, lacandones, incas, chibchas, caribes, shuaras, kechuas, aymaras, guaraníes, mapuches, etc., sólo porque les cambiaron los nombres originarios por el nuevo de “americanos”. Una posición no sólo falaz, sino bastante estúpida por lo arbitraria y fanática, a pesar del innegable talento narrativo de Agüinis.

         El mundo entero, la ONU, la Corte Internacional de Justicia de la Haya, todas las naciones civilizadas, en fin, están en el deber y en la obligación ética y política de frenar el genocidio sionista contra el pueblo Palestino. Se debe revisar el asunto desde sus orígenes en 1948, y llegar ya al establecimiento de un Estado Palestino, con todos sus derechos y con todos sus deberes: Administrarse a sí mismo con absoluta independencia, y aceptar en iguales condiciones la existencia de un Estado Judío en un territorio que debe ser compartido por las dos naciones, por los dos pueblos. Aunque uno, con nombre cambiado de cananeo a palestino, sea muy anterior al que llegó del “Paraíso”, al sur de la vieja Mesopotamia, región “remota y oscura” según el filósofo e historiador G. W. Bush…

         A nadie con dos dedos de frente y un adarme de nobleza, se le ocurriría negar o alegrarse del holocausto judío, aunque los ultras nazis actuales (¿?) lo hagan. Pero la historicidad de ese genocidio y su carácter de crimen incalificable, no justifican que el Estado sionista continúe colgado de ese pretexto, para asesinar impunemente un pueblo indefenso. Que Hamas trate de contener la avalancha de bombardeos aéreos con cohetitos artesanales hechos en el garaje o en el patio y que ni siquiera estallan (casi nunca ocasionan una baja civil, menos aún algún soldado guarecido tras un bunker), no da derecho a una respuesta desigual y sangrienta como la que perpetra el Ejército israelí.


Coletilla: El pueblo judío ha dado a la humanidad hombres y mujeres maravillosos que en mucho han contribuido al avance la ciencia, la filosofía y el pensamiento. Los gobernantes sionistas de hoy, mancillan esa herencia, la degradan. El mundo, ayer solidario con Israel, es hoy su juez implacable. O debería, por respeto a esa herencia.

martes, 8 de julio de 2014

Don Alfredo Distéfano… Homenaje…

Tres países y por ninguno pudo…
         Alfredo Distéfano, nacido en 1926 en Buenos Aires, inicia su época de gloria en la Maquinita de River Plate, remplazando a José Manuel Moreno del 47 al 49. La continúa en Colombia con Millonarios de 1949 a 1952, y la culmina en el Real Madrid de 1952 a 1966. Hizo de los tres, con su aporte, los mejores equipos del mundo en su momento. Se retira en 1966 dejándole al Madrid 5 Copas Europa, el equivalente a la Champion Ligue, una Copa Intercontinental, 8 campeonatos de Liga y 5 trofeos “Pichichi” de goleador anual.
         Cuando iniciaba su periplo en Huracán en 1945 y en River Plate en 1947, no hubo Mundiales debido a la Guerra. Y para Brasil/50, en pleno apogeo suyo en Millonarios de Colombia, Argentina no asistió por falta de jugadores y Colombia no clasificó. Y en Suiza/54, ya en España, su país no fue tampoco, disminuido aún por la fuga de sus mejores astros. Y para 1958, siendo ya ciudadano español, la selección hispana no clasificó y una disposición de la FIFA le impedía hacerlo por Argentina. Fue convocado por Helenio Herrera, el mítico entrenador italiano del Cattenaccio, para Chile/62, por España, pero no pudo jugar por una lesión en el tobillo en un partido previo. En homenaje a su historia, España lo mantuvo en la nómina aunque no llegara a pisar la cancha.
         Mucho tuvo que ver Distéfano en los triunfos de los 3 equipos en los que jugó, y en la Selección Gaucha. Con River Plate fue campeón y goleador en 1947, y con Argentina campeón suramericano en Guayaquil en el mismo año. Y en 1948, logra el subcampeonato de la Copa de Campeones de Sudamérica, hoy Copa libertadores. En 1949 emigra a Millonarios, de Bogotá, de dónde se lo lleva al Real Madrid su Presidente Santiago Bernaebeu, quien había llegado a Colombia detrás de otro jugador: Valeriano López, el Tanque de Casma, peruano goleador en el Deportivo Cali. Otro ausente de los Mundiales.
         Desde 1953, Distéfano juega para el Madrid, no sin polémica pues el Barcelona disputaba su pase. Pelea en la que no tuvo que ver la política pero que originó la leyenda de la intervención del Generalísimo Francisco Franco a favor del Madrid. No hubo tal pues el asunto era entre la Paraestatal FIFA y las Federaciones de Colombia y Argentina, y los dos equipos interesados en el jugador.

En 21 años de carrera jugó para tres países, fue ciudadano argentino, colombiano y español, y jamás pudo jugar un Mundial.

Acaba de morir en Madrid a los 88 años, y deja un legado sin par: fue el mejor de todos en toda la  historia del fútbol. Jamás agredió a un contrario; nunca simuló una falta para sacar provecho; fue un jugador excepcional y un caballero a carta cabal. Los aficionados al fútbol de verdad, lo recordaremos siempre.

miércoles, 2 de julio de 2014

El buen Fútbol: Argentina y Colombia…

Decir que Argentina y Colombia juegan parecido es casi, casi, una redundancia. Son la maestra y su mejor alumna. Y el éxito del maestro se mide por la superación del alumno. El 5 x 0 fue una muestra de esa buena enseñanza y de ese buen aprovechamiento. Aunque el resultado haya sido el “peor” para Colombia porque nos hizo creer que “ya habíamos llegado”. Pero Hagui nos dijo en USA/94: Todavía no. Y el equipo asimiló y digirió ese triunfo en Núñez, al amparo de la derrota en ese Mundial. Y aprendimos la lección: o la estamos aprendiendo.
         Pero que juegan parecido, es cosa de mirarlos a ambos. Un planteo que se fundamenta en cuatro o cinco excelentes individualidades, con gran riqueza técnica en casi todos los jugadores, con tradicionalmente buenos arqueros (creo que con Argentina, Colombia es el país que mejores arqueros ha producido), con ganas de jugar bien y de proponer en la cancha, con jugadores que se rotan de izquierda a derecha sin problemas (Di María, zurdo, hizo el gol a Suiza por la derecha), con un Centre half (centro medio casi a la antigua, que quita y reparte: Mascherano, Gago, Maxi Rodríguez; Quintero, Ibarbo o Aguilar. Con cierta indolencia táctica que tal vez nace de la sabiduría y el talento para jugar…
A lo anterior se agrega en ambos un cuarteto delantero que bien puede merecer en uno y otro el calificativo que les dio Martín Caparrós a los suyos: los 4 Magníficos: Di María, Kun Agüero, Higuaín y Messi. Y eso que falta Tévez. Y los 4 fantásticos, digo yo, de Colombia: Cuadrado, Marín, Gutiérrez, James Rodríguez. Y eso que falta Falcao. Los dos con un jugador especial, Messi, un genio con la pelota en los pies; James, un crack casi igual pero más joven. En fin, ambos jugadores con un sentido del juego que ve todas las alternativas y las posibilidades propias y de los compañeros y, sobre todo, algo no muy común: cuando tienen la pelota, saben qué hacer con ella. Como los grandes: Pedernera, Maradona, Distéfano, Valderrama, Pelé, Patini, Cryuff, Didí, Zico, Sivori, Riquelme, Hagui, Iniesta… La historia está ahí…
         ¿Qué falta defensa? Si, es posible. Los grandes equipos y las mejores selecciones, de la mano de los más sabios entrenadores, se inclinan por privilegiar el ataque. Las defensas se van ajustando de a poco a la medida de las necesidades. A ratos con un grande ahí, es suficiente para contagiar a los menos dotados: Mascherano en Argentina, Mario Alberto Yépez en Colombia. Igual hacía el Brasil inolvidable de México 70: mal arquero, defensa mediocre, pero del medio hacia arriba eran mortales. Tal vez haya habido sólo unos cuantos equipos que se podrían llamar completos: Los Carasucias de Argentina en Lima 57; el Real Madrid de los años 50; El Mánchester United de hace 10 años; el River Plate de los años 40; el Independiente de Pastoriza, el Rey de Copas, la Naranja Mecánica; el Barcelona de ayer. En fin. Pocos.
Cuando un plantel superpone la defensa a la ofensiva, se producen esas tristuras del fútbol, aunque grandes y con resultados, que es el fin penúltimo (el ultimo es jugar bien), pero que no duran mucho porque aburren al aficionado: la Italia del Catttenaccio y de Helenio Herrera; el Estudiantes de Zubeldia pero más el de Bilardo; la Alemania del 54 que venció a uno de  los mejores de la  historia, la Hungría de Puskas y Grocsiz y Kubala… Pero ese fútbol no gusta a la gente, que prefiere el buen juego. El de los que saben.

Como, en este mundial Brasil 2014, Argentina, Colombia y Holanda… Ahí está la corona del año… Cualquiera otro campeón, sería una injusticia. Pero, ¿quién ha dicho que en el fútbol y en la vida hay justicia? Hay resultados…

domingo, 29 de junio de 2014

De linchamientos

“La pelota no se ensucia”, dice Diego Maradona cada vez que puede. Quiere significar que aunque todos cometemos errores y a menudo caemos en faltas y deslices no por humanos menos censurables, no podemos ensuciar la herramienta con la que trabajamos, la casa donde vivimos, el jergón en que dormimos. Y tiene razón. Si hay algo que debería ser limpio en la vida de los seres humanos, es la actividad o la práctica deportiva. El deporte, en donde se compite no para matar (incluso en el boxeo, esa no es la idea) sino para obtener un resultado que enaltece a quien gana tanto como a quien pierde por la gallardía que ambos tendrían que entregar en la lucha, debería ser actividad humana libre de las mezquindades y egoísmos propios de otros órdenes de la vida, prosaicos, violentos y utilitaristas.
Los griegos, tal vez los inventores del deporte como actividad física competitiva, luchaban por una simple corona de laurel. Por la efímera gloria. Por la satisfacción íntima y personal, no de haber superado a otro sino de haberse desafiado y superado a sí mismos. Esa es la antigua esencia del deporte: la victoria contra uno mismo. Ninguna lucha más ardua ni más heroica que aquella en donde el rival por vencer no es el que puede llegar adelante, meter un gol más o saltar un centímetro arriba, sino aquella en la que el atleta supera sus propios límites y se da a sí mismo la oportunidad de dibujarse metas más altas, objetivos más elevados. En fin, es la Utopía del deporte: que nos haga mejores personas… 
Pero, somos humanos. Esa utopía no siempre se logra y, a veces, pocas, ni siquiera es la intención de ciertos deportistas. El espíritu mercantilista, el afán de poder deportivo como camino hacia el poder político o económico, la ambición de fama por efímera que sea pero a costa de lo que sea, las ansias de revancha y desquite, el prurito infeliz de humillar al contrario o de anularlo como persona, a menudo pueden más que el Espíritu Deportivo, eso que los comentaristas anglos, gringos o agringados, llaman Fair Play.
Es por eso, por simplemente humano, que no me atrevo a censurar, acusar, denigrar, satanizar, juzgar y condenar a Luis Suárez, el delantero uruguayo que acaba de morder a un defensor italiano. Y no creo que la FIFA tenga alguna autoridad moral, aunque quizás tenga el derecho que le confiere su estatus jurídico de organización anormalmente supranacional, para castigarlo por ello con la ferocidad con que lo ha hecho. Porque otras faltas tanto o más graves, de otros jugadores igual, menos o más importantes, han ocurrido sin que la FIFA actúe. Aparte de su propia ropa sucia. No es peor un mordisco en el hombro, aunque sea reincidente, que una patada alevosa que corta la carrera de un rival, que un puñetazo en el rostro, que un escupitajo humillante o que un insulto a la familia como el que provocó el mejor cabezazo de la historia: el de Zinedine Zidane a Materazzi en Alemania 2006.

Coletilla: Y no me atrevo a juzgarlo y condenarlo ni como periodista ni como persona. Como periodista mi trabajo es informar, no juzgar; analizar, no perseguir; describir, no condenar; investigar, no injuriar ni calumniar; opinar, no hacer burla de nadie. Y como persona, he tenido errores asaz mayores, cometido faltas más graves; mis yerros no habrán sido públicos ni publicitados pero seguramente sí más incidentes y perjudiciales para alguien. Me miro a la cara y sé que no puedo, ni debo, arrojar la primera piedra.